El llamado salvaje

5.9
El llamado salvaje Cuenta la historia de Buck, un perro bonachón cuya vida cambia de la noche a la mañana cuando su dueño se muda de California a los exóticos parajes de Alaska durante la Fiebre del Oro a finales del s. XIX. Como novato de un grupo perros de trineo (y posteriormente su líder), Buck experimenta una aventura que jamás olvidará, encontrando su lugar en el mundo y convirtiéndose así en su propio amo.   El llamado salvaje Critica Nueva adaptación de la novela de Jack London publicada en 1903, (al menos hay 5 películas) suavizando en esta nueva entrega las escenas de maltrato animal para realizar un film de aventuras familiar muy correcto y entretenido. El protagonista indiscutible es Buck un perro grandote y bonachón, propiedad de un rico juez de California, que es secuestrado  y vendido para llevarlo a los campos de oro de Klondike en la década de 1890. Allí se convierte en un perro de trineo llevando el correo a los trabajadores. Pero la llegada del telégrafo a la zona hace que cambie de dueño otra vez, es cuando conoce a Thorton (Harrison Ford) un hombre triste y solitario con el que vivirá nuevas aventuras. Se ha optado por no utilizar animales reales y hacerlos en animación por CGI, algo que al principio te choca un poco, pero que a medida que te introduces en la historia no le encuentras defectos ya que el efecto es muy realista. Eso ayuda mucho a darles mayor expresividad y sentimentalismo a los perros en muchas escenas. La fotografía paisajista es impresionante debido a gran parte a Janusz Kaminski colaborador habitual de Spielberg, con dos oscars por "Salvar al soldado Ryan" y "La lista de Schindler". También la banda sonora de John Powell aporta mucha intensidad. El director elegido es Chris Sanders, que tiene mucha maestría en el campo de la animación con títulos como "Los Croods", "Como entrenar a tu dragón" o para Disney "Lilo y Stitch", siendo esta su primera película de acción real, mezclando con animación por ordenador. Ideal para llevar a los pequeños al cine y disfrutar con ellos de esta tierna historia. También mostrarles ese vinculo tan maravilloso de estos animales tan queridos por los humanos.

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02/05/2020 1.84 GB 3442 Descargar

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Historias de miedo para contar en la oscuridad

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6.3

Historias de miedo para contar en la oscuridad Mill Valley, Pennsylvania, noche de Halloween, 1968. Después de gastar una broma a un matón de la escuela, Sarah y sus amigos deciden colarse en una casa supuestamente embrujada que una vez perteneció a la poderosa familia Bellows, desatando fuerzas oscuras que no podrán controlar. Historias de miedo para contar en la oscuridad Critica A estas alturas, convendría resolver un par de temas. Lo primero, inventar un nuevo género para referirse a este compendio de películas norteamericanas ochenteras de características tan reconocibles, cuya nostalgia parecemos condenados a arrastrar eternamente. Son aquellas entrañables aventuras protagonizadas por niños, adolescentes en ocasiones, marginados por la sociedad y víctimas de los abusos de sus compañeros de colegio. Historietas que a veces eran edulcoradas con algún toque fantástico y casi siempre reforzadas por tristes conflictos vivenciales, como el divorcio de los padres, la incomunicación con los mismos o el clásico choque de clases. Algunos ejemplos son E.T. (Steven Spielberg, 1982), Los Goonies (Richard Donner, 1985), La historia interminable (Wolfgang Peterson, 1984), El secreto de la pirámide (Barry Levinson, 1985), Exploradores (Joe Dante, 1985), Jóvenes ocultos (Joel Schumacher, 1987) Cariño, he encogido a los niños (Joe Johnston, 1989) o la más tardía Jumanji (ídem, 1995). Creo necesario apuntar cierto detalle antes de continuar. Este género (de nombre, por el momento, inexistente) destacaba principalmente por ser un producto dirigido a toda la familia. Desde esta premisa presentaba, en ocasiones, pequeñas extensiones que se desviaban levemente hacia otros géneros, como el drama (casos de El club de los cinco - John Hughes, 1985- y Cuenta conmigo – Rob Reiner, 1986- ) o el terror (casos de Poltergeist - Tobe Hooper, 1982 - y Gremlins - Joe Dante, 1984-). Es en este último en el que se aferran, curiosamente, ciertos productos contemporáneos que reproducen el mentado género ochentero. Pienso en casos como Super 8 (J.J. Abrams, 2011), Stranger Things (2016, Matt Duffer), It (Andy Muschietti, 2017), Ready Player One (Steven Spielberg, 2018) o el título que nos ocupa, Historias de miedo para contar en la oscuridad (Andre Ovreadl, 2019). Y esto nos lleva al siguiente punto: convendría inventar también un género que englobe estos títulos contemporáneos cuyo motor principal es su nostalgia hacia el género descrito. Lo siguiente seria aprobar una ley (y esta tiene que valer por cualquier tipo de película) que condenara a trabajos forzados a todo director que se atreviera a reproducir determinados “tópicos terroríficos”. Habría que prohibir, por ejemplo, este cansino recurso de eliminar toda la música y efectos sonoros para conducir algún personaje (a velocidades tan lentas que uno teme acabar retrocediendo en el tiempo) hacia un previsible sobresalto, propiciado por el estallido de todos los altavoces. Tuvimos suficiente con las 132 primeras veces. Habría que prohibir, también, la introducción de crescendos de violines de sonido ultra-sónico diez minutos antes de presentar una imagen terrorífica. Fue impresionante en El resplandor, un diez por su descubridor. Tratemos ahora de encontrar una (¡sólo una!) nueva fórmula para sugerir peligro inminente. Habría que aprobar, en definitiva, una ley que impidiera a los directores seguir exprimiendo esta piel de naranja cuyo contenido lleva agotado más de veinte malditos años. Cabe señalar, con todo, que estos “tópicos terroríficos” no responden tanto a dicha “reproducción ochentera” como a una tendencia actual, heredera de otros títulos más posteriores como Scream (Wes Craven, 1996), El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999), Lo que la verdad esconde (Robert Zemeckis, 2000) o Los otros (Alejandro Amenábar, 2001). Historias de miedo para contar en la oscuridad es el ejemplo perfecto de esta curiosa mezcla: una reconstrucción del “género ochentero” (el comentado en los dos primeros párrafos) bañada por los más típicos y tópicos “recursos terroríficos” (aquello descrito en el tercero). Y nada más. En resumen, el tipo de película que jamás vería la luz si mis anheladas prohibiciones llegaran a ser ejecutadas.

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Loco por ti Una escapada de vacaciones de una mujer con su novio, que sufre personalidad múltiple, toma un giro inesperado porque él se olvida de llevar los medicamentos que le suministran con receta   Loco por ti Critica ‘Loco por ti’ es una producción mexicana destinada al público latino de los Estados Unidos, es por ello que muchas de las decisiones tomadas no funcionan, ya que al momento de estrenar en México (una semana antes que en EEUU), se ha decidido cambiar el título original (‘Las píldoras de mi novio’) y exhibir solo copias dobladas, cuando la versión original está hablado en inglés y español al contar con un reparto internacional que incluye a Brooke Shields y Jason Alexander, entre otros. Toda la película, que dirige el argentino Diego Kaplan, quien dirigió también la esperpéntica pero al menos simpática ‘Desearás al hombre de tus sueño, es una acumulación de situaciones que rozan el absurdo, algunas visualmente muy pensadas y otras, la mayoría, filmadas como si fuera televisión, lo que simplemente refuerza esa sensación de no entender que tipo de producto quisieron hacer. La historia inicia con un prólogo en el que el personaje de Sandra Echeverría, Jess, ejecutiva en una empresa tequilera en California, está cenando con el que parece ser su novio, en un acto preparado para entregar el anillo de compromiso, lo que resulta en un desastre en donde, entre otros infortunios, Jess pierde una cantidad considerable de cabello al enredarse en el un dron. De ahí pasamos a ver a Jess acongojada por su fracaso amoroso, tirada en su cama de agua fumándose un porrito, pero se queda dormida el colchón se rompe y el agua sale. ¿Qué pasó con el cabello que perdió? No se sabe y no importa. ¿Qué pasó con el asunto del colchón? Siendo una comedia esto podría dar lugar a un buen gag pero no, la escena corta justo antes del desastre que sirve únicamente como pretexto para que Jess acuda a una tienda a comprar un colchón nuevo, donde terminará conociendo y posteriormente, enamorándose del dueño, Hank (Jaime Camil), a quien invita a los pocos días de conocerlo a un viaje de trabajo a una isla, él duda ya que padece varios trastornos por lo que debe estar todo el tiempo sobre medicado, pero decide ocultárselo a Jess y acepta. Solo que al llegar se percata que no ha llevado su dotación de píldoras, lo que lo meterá en una serie de situaciones complicadas. Para cuando los personajes llegan a la mencionada isla, el espectador espera que alguno de los elementos clave que promete la película hagan presencia, bien el romance o la comedia que se promete en la descripción de los géneros, pero no, el romance nunca aparece, la relación entre los personajes es mal llevada y solo viajan juntos porque el guion así lo establece, pero no se percibe ningún sentimiento entre los personajes y, para peor, la química entre Echeverría y Camil es nula. Por otro lado, la comedia aparece brevemente en las escasas apariciones de Mónica Huarte, que no suman ni los 10 minutos, y es sobre Camil, quien es además uno de los productores, sobre quien se recarga la totalidad de los intentos de comedia que no llegan a funcionar, pese a los vanos intentos del protagonista en su habitual registro sobre actuado. Para colmo, la producción no sabe bien que hacer con el paquete que han comprado sin querer y sin tener buena idea de qué hacer con el, es decir, la compleja temática de los trastornos mentales, que son tratados de manera irresponsable y superficial, en una película con muchas malas decisiones, un doblaje penoso y carente de humor, lo que la vuelve por demás aburrida.

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